Nuestra Señora de Los Remedios

 

Como flamante Patrona del municipio palmero de Los Llanos de Aridane, la preciosa efigie de Nuestra Señora de Los Remedios -escultura de madera policromada de 94 cms. de alto aproximadamente- aparece documentada en 1678 ocupando la hornacina principal de su antiguo retablo mayor. Según los investigadores -entre otros Negrín Delgado y Pérez Morera-, y teniendo en cuenta sus características formales, se la ha catalogado como obra producida en algún taller de Bruselas en el segundo tercio del siglo XVI.

La iglesia que la custodia y a la que da su nombre, se encuentra en el casco antiguo de la ahora ciudad que tuvo su origen en el núcleo habitado por los primeros operarios y trabajadores de los ingenios azucareros. En 1517 se creó la parroquia de Los Remedios, confirmada en 1557, ampliada a tres naves en 1560 y elevada a beneficio el 16 de agosto de 1645. Más tarde, algunas reformas y cambios se introducirían en la decoración del testero de la capilla mayor, aunque la imagen de la Virgen continuaría presidiéndola como titular del templo.

 Es muy probable que esta delicada efigie llegara a La Palma a través del adinerado caballero Jácome de Monteverde o de sus hijos. Gracias a este mecenas,  se habían consolidado las fecundas relaciones que nuestra Isla mantuvo con los Países Bajos. Al igual que la imagen que nos ocupa, a cambio del azúcar, llegaron a La Palma numerosas esculturas en madera policromada, piezas de orfebrería, instrumentos musicales, relojes, tapices, mobiliario, lápidas sepulcrales, retablos, pinturas… Casi un centenar de piezas vinieron gracias a su intersección destinadas a adornar los principales templos palmeros durante sus casi quince años de estancia en nuestra tierra.

Desde 1591 consta la existencia de una cofradía creada bajo esta advocación mariana que, al parecer, en 1608 había tomado el título de Nuestra Señora del Rosario. El mencionado profesor indicaba en sus trabajos que la talla ya estaba inventariada en su templo en 1584. Más tarde, entre 1705 y 1711, el mayordomo de fábrica Antonio de Acosta Clavellina rendía cuenta de los 375 reales invertidos en retocar la escultura y quizá abonados al escultor palmero Bernardo Manuel de Silva (1655-1721), que esos mismos años cobraba la hechura del Niño de la Virgen del Rosario y el dorado de su retablo. Este polifacético artista insular retocó algunas partes de la talla de Los Remedios.

En este siglo se generalizaba también la adición de mantos y capas de tela a la pieza original, cuyo uso se había iniciado entre 1691 y 1693, así como de valiosas alhajas, una luna y coronas de plata (1718 y 1757). Por cierto, esta media luna realizada en plata, que se utiliza como atributo de las imágenes de la Virgen -copiando las que adornan a la Inmaculada en sus representaciones pictóricas o escultóricas-, comienza a divulgarse en el siglo XVII. En el Archivo parroquial de Los Llanos consta "Vna media luna doble de plata con su efigie… la qual pesa tres libras". Ésta, hecha en Indias en 1718, fue enviada como limosna de Luis Domínguez de la Cruz

La Virgen -cuya onomástica se celebra anualmente el 2 de julio -muestra al Niño Jesús completamente desnudo en señal de humanidad-, a la vez que cubre su brazo respetuosamente con su amplio manto. El Niño desnudo acaricia con dulzura el mentón de su Madre y ésta le hace entrega de la pera simbólica alusiva al Misterio de su Encarnación. Una singular postura la que adopta el Niño sentado que tuvo mucha aceptación en los medios escultóricos de los Países Bajos durante principios del siglo XVI, a juzgar por varios de los ejemplos conservados. La doctora Negrín hace referencia a dos grupos marianos conservados en el Museo Mayer van den Bergh de la ciudad de Amberes.

Sin embargo, un rasgo distintivo de la talla palmera es su majestuosidad y elegancia. Muestra una plenitud de formas de su sereno semblante que parece evidenciar el nuevo lenguaje renacentista, mostrando cierto parentesco con las Madonnas rafaelescas pintadas por Van Orley y Gossaert aproximadamente por aquellas fechas. No supone esto, sin embargo, una ruptura definitiva con el legado medieval, como se muestra en el plegado de los holgados ropajes -a base de complicadas dobleces  de crestas redondeadas y trazados angulares- sino también en el modelado de la cabellera de largos mechones exquisitamente ondulados. En La Palma -como dijimos- existe una valiosa colección de imágenes flamencas que llegaron a lo largo del siglo XVI. Todas ellas presentan una serie de características del modo de hacer flamenco renacentista de la época: un ligero contraposto cargando el cuerpo sobre la pierna izquierda, curvo desplome, la insinuada y grácil sonrisa y el singular plegado de los paños para adornar los primeros templos erigidos en la isla y cuyo culto enraizó, perdurando durante siglos.

Una deliciosa imagen que guarda estrecho parentesco con la obra esculpida en mármol por el alemán Conrat Meit para la catedral bruselense de Santa Gúdula y que está impregnada de pareja delicadeza y sentimentalismo.

       

BIBLIOGRAFIA

Archivo Parroquial de Nuestra Señora de Los Remedios, Libro de Visitas y Libro de Fábrica

Exposición Arciprestal de Arte Sacro, Los Llanos de Aridane, junio 1968

HERNÁNDEZ PERERA, Jesús, «Esculturas flamencas en La Palma», Anuario de Estudios Atlánticos, La Laguna, núm 14-16 (1968-1970)

NEGRÍN DELGADO, Constanza, «Escultura», en Arte Flamenco en La Palma, Conserjería de Cultura y Deportes del Gobierno de Canarias, 1985.

PÉREZ MORERA, Jesús, Arte Flamenco. Isla de La Palma, Madrid, 1988

RODRÍGUEZ, Gloria. La Platería Americana en la Isla de La Palma, Servicio de Publicaciones de la Caja General de Ahorros de Canarias, Núm. 174, Arte 18, 1994.

 

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