A la Caldera de Taburiente

Me envuelven tus aromas, es un abrazo
amarillas cascadas de etéreas fuentes
donde el otoño alarga su sonrisa,
alhajas diamantinas sobre tu frente.

El eco de tus sombras me estremece,
temblor de alma que revienta en verso,
la mágica embriaguez de tus perfiles,
los hilos celestiales de tus crestas.

Divina ensoñación es tu presencia
brindis de riachuelos, piel de oro y seda
alma aborigen donde las alas tejen
los infinitos azules que te besan.

 

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