La puesta en escena y la interpretación de la ópera Madama Butterfly, de Giacomo Puccini, en el ex convento de San Francisco, ha sido espectacular y brillante, pero las sillas han sido una tortura china, y nunca mejor dicho, para muchos de los espectadores asistentes al acto. Sería conveniente que para próximas ediciones de Ópera en el Convento se buscara alguna solución porque tres horas sentados en una silla de plástico es insufrible y un poco desquiciante.







