No soy experto en relaciones internacionales ni en alta estrategia militar. Sin embargo, tras seguir de cerca las noticias en diferentes medios y periódicos nacionales, he hilvanado algunas ideas que me han llevado a una reflexión. En un mundo que parece acelerar hacia el conflicto, creo que es necesario pararse a entender por qué España ha dicho “no” al uso de sus bases para el repostaje de aviones estadounidenses ( los llamados aviones cisterna ) en el conflicto con Irán.
Lo primero que uno descubre al leer la prensa es que las bases de Rota y Morón, no son parcelas de Estados Unidos en nuestro suelo; son bases españolas. El Convenio de Cooperación para la Defensa es muy claro: cualquier operación que no sea de interés mutuo o esté bajo el paraguas de la OTAN requiere el permiso explícito de nuestro gobierno. Desde el punto de vista de la defensa de la paz, esta negativa no es un capricho. Es aplicar la ley para evitar ser cómplices de una escalada militar unilateral que no cuenta con el respaldo de la ONU.
En mi búsqueda de respuestas, me ha resultado muy clarificador escuchar a Josep Borrell. Como ex alto representante de la UE su voz tiene un peso especial: ha calificado la postura española como “profundamente coherente”, defendiendo que ponerse “a los pies” de una estrategia unilateral no es una buena solución para una Europa que quiere ser respetada.
Sin embargo, defender esta posición tiene un coste diplomático y económico que no podemos obviar: La administración estadounidense ya ha lanzado advertencias sobre posibles aranceles o sanciones comerciales, lo que pone en riesgo un sector clave como el agrícola.
Y el riesgo de aislamiento. Mientras otros aliados han optado por un apoyo más “tibio” o silencioso, España se ha quedado en una posición de cierta soledad que podría restarnos influencia en futuras decisiones estratégicas de la Alianza.
A pesar de los riesgos y las presiones, mi reflexión es que la paz siempre tiene un coste, pero participar en una guerra sin garantías legales tendría un coste moral mucho mayor.
Me quedo con las palabras del ministro de exteriores español: “Y al final lo que la ciudadanía pide y merece es más prosperidad, no más problemas”.









